miércoles, 26 de diciembre de 2012

La Navidad o el Solsticio de invierno.

Muchas veces me pregunto porque he de seguir aguantando, si no es a unos es a otros; en estas fechas tan tristes, realmente tristes.

A los adultos no nos gustan porque sentimos añoranza de nuestra niñez, esa que nos permitía ser felices y olvidarnos de la desdicha ajena; y de nuestra juventud, donde no se acababan las ganas de seguir de juerga, fiesta y risas por cualquier cosa.

Pero realmente cuando te haces mayor, el problema es que ya no haces lo que quieres, debes que ayudar a los mayores, a los pequeños, atender a que todo esté bien, controlar las pocas ganas que tienes de que, llegue alguien ajeno a ti y te critique, con tu mejor sonrisa.

Otra de las cosas por las que no te gusta es porque tus seres queridos van desapareciendo poco a poco, el hueco que dejan y los momentos vividos irrecuperables, son dolorosos. Además del mensaje que eso conlleva, tu puedes ser el próximo en no estar en las siguientes fiestas y eso no le gusta a nadie, salvo que estés muy desesperado o melancólico.

Es cómo, si después de estar trabajando durante todo el año; los días que tienes de fiesta, fuesen para currar a tope y aguantar a unos cuantos compañeros y jefes; todos juntos y a la vez. Feliz Mierdosidad.

A mí particularmente no me gustan mucho por todo lo expuesto antes, pero también me hacen sentir que todo vuelve a empezar. Miro por la ventana y veo como empiezan a retoñar los arbustos y árboles de mi alrededor; el color es más verde; en estas fechas todavía tímidamente, pero con rotundidad si dejas pasar unos días, y eso produce una energía buena e infinita en mi corazón que me permite seguir hacia adelante y dar un paso más en la esperanza del mañana.

Mi vela, desde hace años, no falta; para alumbrar a mis seres queridos que ya no están conmigo y para los que están pero no junto a mí, incluso para los que no han sido tan queridos pero han formado, en algún momento, parte de mi vida.

Si algo he aprendido en esta vida es a vivirla aún con pocas ganas y, de momento, sobrevivo, qué no es poco.

Pues no encuentro mucho bueno, mi balance es malo tirando a malísimo; pero para lo otro no estoy preparada. Por lo tanto espero que esa luz, que enciendo todos los años, me ilumine a mí también un poco y no me deje caer a oscuras al vacío. Prefiero ver la hostia que me voy a dar.


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