Una despedida puede terminar siendo definitiva, o quizá no, pero la sensación de abandono se cuela en mis entrañas y me hace volver a mi infancia. El miedo es libre y además, muy hijo puta; no nos permite pensar con fluidez y objetivamente. Pensándolo bien, lo mío nunca ha sido timidez si no miedo puro y duro.
Me encuentro mecida entre el deseo de que todo vaya bien y la incertidumbre del futuro.
Vayan los mares y los ríos meciéndose en el abandono de la pena y que la marea baje en su momento para poder ver en la playa tus pisadas de regreso.
Un beso y e um grande abraÇo compañero.
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